
–¿Te pusiste caprichosa?
–Doy muchas vueltas para decidir si me involucro o no en un proyecto. A veces los períodos en los que no trabajo son tan largos que mi representante me dice “Bueno Julieta, no podés decir a todo que no”. Pero lo que sucede es que quiero elegir a conciencia. Ser actor no es lo mismo que trabajar en una oficina. Es un trabajo en donde uno tiene que poner el cuerpo, la sensibilidad, el alma. Si ser caprichosa es decir no a algunas cosas, bueno, entonces, soy caprichosa. Pero creo que soy más caprichosa en mi vida privada que en lo laboral. Con el trabajo, mi ego está bastante amaestrado.
–¿Cómo es eso?
–El actor que necesita estar en boga: estar en el lugar que hay que estar, trabajar con quien hay que trabajar. O sea, figurar todo el tiempo, estar vigente todo el tiempo. Esa necesidad yo no la tengo. Hay un montón de directores con los que me gustaría trabajar, pero no muero por eso. Uno no puede hacer todo y cualquier cosa. Hay libros que me apasionan, pero si no los hago, no pasa nada. Además, me encanta no hacer nada.
–¿En qué punto de tu carrera considerás que estás?
–A punto caramelo.





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